6. No soy su casera
Cuando Watson cita por primera vez a la «patrona» (en alguna otra traducción se habla de «la dueña de la casa» y en otra de la «casera», quizá la palabra inglesa breakfast contemple tal diversidad de acepciones), todos entendemos que se está refiriendo a la señora Hudson, la fiel ama de llaves que acompañó a la pareja de detectives de una forma abnegada durante toda la vida. Además, fue capaz de soportar las excentricidades de Holmes y los estropicios que le causaba en la sala de estar con los disparos que realizaba contra las paredes para imprimir en ella las letras V. R.,sin contar sus malolientes experimentos de química y otros detalles que lo convertían en el peor de los inquilinos de todo Londres.
Es de suponer que cuando alquiló sus habitaciones a Holmes y Watson puede que fuera algo mayor que ellos, quizá una joven viuda de unos cuarenta y pocos años. A lo mejor Watson se podía haber explayado algo más sobre la vida anterior de esta señora tan importante como personaje. Eso sí, parece ser que era una mujer algo triste y muy callada que atendía a sus huéspedes con suma diligencia.
Todo es misterio. La señora Hudson era como la sala de máquinas del 221B de Baker Street, pero más bien parece un personaje escondido tras el anonimato. Nadie la sorprendió nunca escuchando detrás de una puerta ni haciendo algo inconveniente. Ninguno de los dibujantes del Strand Magazine se dignó plasmarla con detalle en una de las muchas ilustraciones que enriquecen sobremanera el Canon. Nos la imaginamos, quizá por las muchas películas que hemos visto sobre el tema, como una mujer ligeramente entrada en carnes y de carácter bondadoso. Siempre se la requería por el nombre de señora Hudson y al final del camino de su vida parece que escogió marcharse con Holmes a su retiro de Fulworth.
En la ficción de la BBC, la señora Hudson es la mujer que alquila a Sherlock Holmes y John Watson el apartamento 221B de Baker Street; además de ser una buena amiga del detective desde que este se encargó personalmente que condenaran a su marido por, probablemente, narcotrafico, ya que la señora Hudson menciona que su marido era lider de un cartel en Florida.
Por esa razón, les alquila el apartamento a bajo precio. A pesar de que insiste en que no es la criada ni el ama de llaves de ellos dos, suele limpiarles el apartamento (o intentarlo al menos) y cocinarles a menudo. Su relación con Sherlock es la propia de madre e hijo y cuando conoce a Watson cree que ambos son pareja.
La Sra. Hudson le es muy leal a Sherlock, cosa que se demuestra cuando es atacada y torturada por agentes de la CIA sin que ella revele absolutamente nada ("Escándalo en Belgravia"). Además, cuando John le sugiere que se tome unas vacaciones y se aleje del lugar ella nunca está de acuerdo.
En uno de los capítulos finales, la señora Hudson lleva a Sherlock maniatado en el maletero de su coche a casa de Watson, amenazandolo previamente a punta de pistola, temiendo por la vida del detective. Es una mujer bondadosa, aunque con un gran elemento cómico, ya que en numerosas ocasiones hace comentarios que no esperamos oír de ella.
El único personaje al que desprecia (o eso parece), es al hermano de Sherlock, Mycroft, al que regaña por no haber sido capaz de evitar que su hermano cayera en el declive, al morir Mary. Además le hecha la culpa y le llama reptil, indicando que es frío y poco considerado, indicándole que se vaya de Baker Street.
Frases de la Sra. Hudson:
Mrs. Hudson: He visto que ha publicado otra de sus historias, doctor Watson.
Watson: Sí, ¿le gustó?
Mrs. Hudson: No.Nunca me gustan.
Watson: ¿Por qué no?
Mrs. Hudson: Bueno, nunca digo nada, ¿no? Según usted, solo acompaño a la gente arriba y les sirvo el desayuno.
Watson: Bueno, en narración, esa es, de forma general, su función.
Mrs. Hudson: ¿Mi qué?
Sherlock: No se sienta apartada, Sra. Hudson, yo apenas aparezco en la del perro.
Watson:¿"La del perro"?
Mrs. Hudson: Soy su casera, no un recurso narrativo.
Sherlock: (a Mrs. Hudson por la escalera) ¿No le ha preguntado qué quería?
Mrs. Hudson: ¡Pregúnteselo usted!
Sherlock: ¿Por qué no se lo preguntó usted?
Mrs. Hudson: ¿Cómo iba a poder, si yo no puedo hablar ni nada?
Sherlock: (a Watson) ¡Por el amor de Dios, dele unas líneas, es capaz de matarnos de hambre!
John: ¿De quién es ese coche?
Mrs. Hudson: Mío.
John: ¿Cómo puede ser su coche?
Mrs. Hudson: ¡Por el amor de Dios! Soy la viuda de un narcotraficante, tengo casas en el centro de Londres, y por última vez, John, ¡no soy tu ama de llaves!




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